
Prólogo
27 de julio de 2016, 02:40
Barrio de La Verneda, Barcelona
Saqué el llavero del bolsillo con mucho cuidado, tratando de evitar ruidos molestos que pudieran afectar al descanso de mis quisquillosos vecinos. Por desgracia, unas monedas salieron despedidas y armaron un pequeño escándalo al bailar sin rumbo por todo el rellano.
Al recogerlas me di cuenta de que estaba empapado en sudor. Giré la llave en la cerradura, haciendo que la puerta se abriera tras un chasquido y que mis dos compañeras acudieran a recibirme entre grandes muestras de alegría. Al parecer, aquel par de moscas había decidido pasar el verano en mi piso. Aparte de hacerme compañía se dedicaban a revolotear el día entero entre la habitación, la cocina y la sala de estar, persiguiéndose una a otra y viceversa. Yo aún no tenía muy claro si comprar un insecticida o ponerles nombre.
Aquella noche, en realidad, las jodidas moscas eran la menor de mis preocupaciones. Al entrar en mi casa, el espejo del recibidor me devolvió una versión descafeinada del hombre que un día me había propuesto ser. Ahí estaba yo, Héctor Gálvez Salgado, cuarenta y un años, de profesión sargento de los mossos d’esquadra y de estado civil muy soltero. A pesar de ir hecho un pincel, mi rostro reflejaba cansancio y hastío.
Quizás lo mejor era analizar la situación en perspectiva, con calma pero sin perder de vista el detalle de lo que me había sucedido en las últimas seis o siete horas. Necesitaba un trago y me dirigí a la cocina donde, en algún armario, debía guardar una botella de ginebra barata.
Primer capítulo
26 de julio de 2016, 19:25
Barrio de San Jerónimo, Sevilla

El intenso calor que suele torturar en verano a la ciudad parece haberse tomado una pequeña tregua a última hora de la tarde. Aun así, la sensación de bochorno en la calle, cercana a los 35 grados, sigue siendo agobiante.
En la salita de estar del humilde piso que comparte con su madre, Jesús mira la televisión tumbado en el sofá, aunque hace rato que no le presta atención. Ella se balancea en su mecedora, hipnotizada por las continuas polémicas entre los tertulianos del programa más visto de las tardes. Las aspas de un viejo ventilador no consiguen refrescar el ambiente, y pequeñas gotas de sudor caen por la frente del chico a intervalos irregulares. Se seca la cara con un pañuelo y lo vuelve a guardar en el bolsillo de su pantalón corto del Real Betis, la única prenda que ha llevado encima en las últimas cuarenta y ocho horas, dos días enteros en los que no se ha movido de casa. Sabe que la pensión de viudedad no da para mucho más y que debería salir a buscar trabajo, pero fuera hace demasiado calor y tiene claro que su escasa formación y experiencia le impiden aspirar por el momento a un puesto interesante.
El muchacho sale de su letargo cuando el reloj de pared está a punto de marcar las siete y media. De un salto felino se levanta del sofá y se dirige a su habitación, donde tiene un ordenador portátil destartalado que enciende nada más entrar. Tras una tediosa espera de un par de minutos, el sistema operativo arranca. Una vez accede a internet, con el botón del ratón hace doble clic en el icono de YouTube, el más conocido de los portales de vídeos de la red.
Luego selecciona de entre sus favoritos el canal de Alteregox, el youtuber de videojuegos con más seguidores en el país y uno de los más famosos a nivel mundial en lengua castellana. Jesús lo sigue desde hace unos tres años, y le encanta la manera alocada que tiene de narrar sus partidas, con sus comentarios ácidos y repletos de tacos e insultos. Cuando se pone a hablar de actualidad o de política ya no le hace tanta gracia.
Sin embargo, Alteregox no va a jugar una de sus partidas hoy, sino que ha prometido anunciar algo «muy gordo» que provocará un escándalo del que gente bastante importante de su sector saldrá salpicada. Está por verse si la revelación cumple con las expectativas generadas.
Tan pronto como se abre la página del canal, Jesús selecciona el vídeo en cuya descripción se puede leer la etiqueta «EN DIRECTO AHORA». Salvando en breves microsegundos una distancia de casi mil kilómetros, un primer plano del rostro de Alteregox se materializa en la pantalla del portátil en Sevilla. A diferencia de otras ocasiones, no se muestra relajado y sonriente, sino que una sombra de preocupación parece atravesar su mirada justo antes de desviarla brevemente hacia la puerta de la habitación, situada a su izquierda. En el estudio destaca una gran mesa con ordenadores, monitores, cámaras, micrófonos y otros accesorios tecnológicos. El youtuber se remueve inquieto en su silla ergonómica y se recoloca el flequillo. Carraspea un poco, mira a la cámara, sonríe de manera forzada y se dispone a iniciar su monólogo.
«Buenas tardes, amigos, conocidos y otras gentes de mal vivir. ¿Qué tal estáis hoy? Mucho calor, ¿verdad? Bueno, es lo que tiene el verano en este bendito y puñetero país. Yo estoy bien, aunque un poco liadillo debido a ciertos acontecimientos de los que seguro estáis ansiosos por conocer más detalles».
Jesús sonríe. Por supuesto, él está allí para enterarse de esa gran noticia que el youtuber ha conseguido mantener en secreto durante el último mes, a pesar de los rumores y de las presiones de seguidores y amigos.
Alteregox sigue con su presentación, en un tono trascendente e impostado.
«Por desgracia, la rutina diaria hace que, a veces, se nos olviden las cosas más importantes de la vida. Creo que, de vez en cuando, es necesario detenerse un momento y pensar en cómo manejamos nuestras relaciones personales. Queramos o no, esta es una sociedad que nos obliga a estar en contacto con otras personas. Ahora preguntaos: ¿Quiénes son vuestros amigos en realidad? ¿Tenéis muchos? ¿Confiáis en ellos? Seguro que sí, todo el mundo necesita alguien en quien apoyarse cuando vienen mal dadas. Y también es muy posible que alguna vez os hayáis sentido traicionados por una persona por la que hubierais puesto la mano en el fuego, ¿verdad? Pues eso es lo que me ha pasado a mí en estas últimas semanas. Alguien que presumía de ser mi amigo ha intentado clavarme un puñal en la espalda, y hoy vais a saber de quién hablo».
«El tema se pone interesante», piensa Jesús. Tras unos minutos de monólogo, Alteregox intenta mantener el aplomo, aunque es obvio que cada vez está más emocionado e indignado con los hechos que le han llevado a confesarse esa tarde ante sus seguidores.
«Muy a mi pesar, considero que hasta aquí hemos llegado y que no puedo ni debo aguantar más esta situación. Es más, necesito que todo el mundo se entere de cuál es el problema y de quiénes son los responsables, y que cada uno pueda decidir con libertad y según su conciencia de qué lado quiere estar. Por lo tanto, os he de decir que…».
En ese preciso instante suena un crujido seco y por la esquina de la pantalla aparece un individuo vestido con una sudadera negra. Mediante un rápido movimiento consigue rodear el cuello de Alteregox con su brazo derecho, tratando de estrangularlo. El chico se resiste, patalea y golpea con su puño en el rostro invisible del atacante, escondido bajo la capucha. Este lo aferra del pelo con la mano izquierda y con brusquedad le da un estirón hacia atrás, silla incluida. El cuello y la cabeza del youtuber se vencen con violencia antes de que caiga de espaldas contra el suelo. Uno de los pies del muchacho se ha enganchado con el cable del cargador de un ordenador portátil que estaba en la mesa, que cae también al suelo con gran estrépito.
La cámara fija del estudio no deja de grabar. Fuera de encuadre se siguen escuchando golpes y gritos guturales. La silla ergonómica, impulsada por sus ruedas, vuelve a escena por un segundo, ya sin ocupante, e impacta en la pared de la izquierda. El individuo de la sudadera negra se ve tan grande como un oso en la pequeña pantalla del ordenador de Jesús, y con una de sus zarpas agarra del brazo a Alteregox, que aún seguía en el suelo. Con la otra toma la silla y lo empuja hasta sentarlo de nuevo en ella. El youtuber tiene aún fuerzas para llegar a coger un lápiz afilado que reposaba en la mesa y hundirlo en la mano izquierda de su agresor, que aúlla indignado:
«¡Hijo de la gran chingada!».
El encapuchado sigue gritando cuando una segunda figura aparece por sorpresa en pantalla y propina un puñetazo en el rostro a Alteregox, que queda algo aturdido en la silla. En ese momento el primer agresor, herido e irritado, sujeta de nuevo al chico por el cabello, le vuelve a estirar de la cabeza hacia atrás y lo degüella con una navaja afilada. Entre los dos agresores no permiten que el youtuber se libere a pesar de sus movimientos espasmódicos, cada vez más erráticos. Los borbotones de su sangre salpican la mesa, el suelo y el mobiliario cercano. Poco a poco deja de luchar y su actividad se ralentiza. Uno de los intrusos cae en la cuenta de que aún están siendo grabados por la cámara, decide que el espectáculo ha concluido y se abalanza para apagarla.
Después, el silencio absoluto y un fundido en negro en el ordenador de Jesús, que ha asistido atónito a los acontecimientos capturados en primer plano por la propia cámara del youtuber asesinado. Unas imágenes que llegan a todos los rincones de los cinco continentes medio segundo más tarde gracias a los nodos interconectados de las redes de la información.
El chico sevillano no sabe qué pensar, aunque no es el único desconcertado por lo que ha visto.
A lo largo de todo el planeta, miles de personas se hacen las mismas preguntas que él en esos precisos instantes.
