Dada mi experiencia -casual, casi involuntaria- de esta mañana, no puedo dejar de pensar que sí. Para empezar, me gustaría que os fijéis en la imagen principal de este post y que leáis el siguiente relato breve:
«EL VIAJE INESPERADO«
Martí tenía una obsesión: Barcelona de noche. Era el momento en el que la ciudad le parecía más viva y a la vez, más melancólica. Esa noche, sin embargo, se sentía un poco diferente. Había algo extraño en el aire, algo que le recordaba a la guitarra de David Gilmour y a los acordes de Shine On You Crazy Diamond.
Caminaba por las callejuelas del Gótico con los auriculares puestos, escuchando a Pink Floyd mientras el eco de la música llenaba el espacio. De repente, frente a él, en una esquina iluminada solo por una farola parpadeante, apareció un coche que jamás había visto. Era un DeLorean plateado, exactamente como el de Regreso al Futuro.
Martí no podía creerlo. Se acercó al coche y tocó la carrocería fría. La puerta del conductor se abrió lentamente y un tipo de pelo desordenado y bata de laboratorio le miró con una sonrisa cómplice.
—¡Vamos, Martí! —dijo el hombre, que no era otro que un Doc Brown catalán—. Tengo entradas para el mejor concierto de Pink Floyd de la historia.
—¿Qué? ¿Cómo? —balbuceó Martí, sin saber si reír o salir corriendo.
Doc le hizo una señal para que entrara. Sin pensarlo demasiado, Martí se sentó en el asiento del copiloto, y de repente, la ciudad desapareció. Solo veía luces pasando a toda velocidad, mientras el rugido del motor y una voz de fondo, casi perdida en el eco del tiempo, le decía: «Estamos en 1972. Ven, el concierto de Pink Floyd en Pompeya está a punto de empezar”.
Al bajar del coche, sentía el calor del sol sobre las ruinas antiguas. A su alrededor, los instrumentos ya estaban dispuestos, y los primeros acordes de Echoes comenzaron a sonar. Martí cerró los ojos, dejando que el sonido lo envolviera, mientras una extraña mezcla de Barcelona, Pompeya y los sueños se confundían en su mente.
Cuando despertó, estaba en su cama, con los auriculares puestos y la música de Pink Floyd sonando como un eco de un sueño imposible. Pero sobre la mesa, había una entrada arrugada para un concierto en el Palau Sant Jordi, firmada con las iniciales «D.B.»
¿Había sido real o solo un sueño? Nunca lo supo con certeza, pero desde entonces, cada vez que recorría las calles de Barcelona, sentía que, en cualquier esquina, el DeLorean podría aparecer de nuevo.
FIN DEL RELATO
¿Os ha gustado?
Pues como podéis suponer dado el contexto, tanto el relato como la imagen del DeLorean en una Barcelona de luces de neón e inspiración floydiana no han sido generados por mí, sino por Chat GPT, y en menos de un minuto. A mí me hubiera llevado horas tan sólo el relato.
¿Cuál ha sido el proceso?
Sencillísimo y rápido. De vez en cuando me dedico 1 hora sin móviles, TV ni Internet para pensar libremente en mis intereses creativos (posibles ideas originales para juegos de mesa, videojuegos, relatos literarios o para algún experimento con los pinceles y la pintura acrílica) cuando, casi sin pretenderlo, empecé a escribir en una hoja en blanco algunos términos sobre las cosas que me gustan (así, en general). Tras unos minutos, contemplando la nube de conceptos resultante, pensé que sería divertido seleccionar unos cuantos e intentar generar algo que los combinara. Lo más fácil, por supuesto, era intentar escribir un relato con algunos de esos términos escogidos, no más de 3 o 4.
Pero entonces una idea me vino abruptamente a la cabeza: ¿Y si en lugar de escribirlo yo le pido «consejo» a Chat GPT? ¿La Inteligencia Artificial sería capaz de generar, en base a tres conceptos aleatorios y sin relación aparente, un relato corto coherente, elegante, literariamente correcto y que fuera del agrado de un lector humano de nivel cultural medio, como puedo ser yo? ¿Con el resultado, sería capaz ese lector de identificar que el relato lo había escrito una máquina y no una mente humana?
Así que abrí la página del ChatGPT, y le pedí -en mi propio idioma y en lenguage coloquial- que me generara un relato corto en base a los siguientes términos: «Barcelona», «Pink Floyd», «Regreso al Futuro». En este punto debo confesar que no suelo usar ese tipo de herramientas, así que el resultado, que habéis podido leer un poco más arriba, me sorprendió gratamente, y me hizo pensar hasta que punto yo hubiera podido escribir algo similar desde cero.
En otras palabras, el relato resultante me gustó -incluso me provocó una cierta nostalgia porque apelaba al mítico concierto de Pink Floyd en Pompeya y a algunas de sus mejores canciones-, aunque creo que el texto abusa claramente de lugares comunes, pero que el Chat GPT supo resolver la ecuación «Inicio, Nudo, Desenlace» de manera adecuada y satisfactoria.
Con la imagen tuve más problemas, ya que al parecer, los conceptos ‘Pink Floyd’ o incluso ‘David Gilmour’ están protegidos por derechos de autor y por las políticas de contenido de ChatGPT -no así los términos ‘DeLorean’ o ‘Barcelona’-, como podéis leer a continuación:
CHAT GPT: «No puedo hacer una imagen que incluya directamente a Pink Floyd debido a las políticas de contenido, pero puedo crear una imagen inspirada en su estilo visual y temática. ¿Te gustaría una escena que refleje la estética psicodélica y cósmica de Pink Floyd en un entorno de Barcelona con un DeLorean, evocando el espíritu de su música?»
Al contestarle un simple ‘Sí’, la IA generó la imagen que podéis ver en la cabecera y a continuación:

¿Cuál es el futuro de la creatividad personal?
Es un tanto descorazonador ver que un trabajo creativo específico, que podría haberme tenido ocupado durante horas, ha sido generado de manera como mínimo igualmente satisfactoria por una inteligencia artificial, en menos de un minuto.
Por tanto, presiento un futuro oscuro para los pequeños autores, diseñadores o inventores. O hacemos que el trabajo humano sea distinguible -y sobretodo superior- al que podría ser generado de manera automática por las máquinas, o nos van a dar gato por liebre en la mayoría de nuestro próximo material de entretenimiento.
No dudo, no obstante, que la IA y sus tecnologías asociadas puedan ser útiles para la humanidad en trabajos menos creativos y más rutinarios, para la automatización y manejo de informaciones que a los humanos nos llevarían mucho más tiempo, o incluso para aplicaciones de control de la meteorología, análisis de datos y mejora del rendimiento.
Conclusiones
En este punto, entonces, cabe plantearse si como autores humanos, vale la pena dedicar tiempo y esfuerzo en la creación de artilugios de cualquier tipo que no apunten a ser excepcionales, dado que ya tenemos herramientas que saben cómo generar soluciones satisfactorias básicas -en algunos casos mediocres-. Pero es que estamos muy acostumbrados a aceptar la mediocridad como nuestro estándar, y tras consumirla, buscar otro punto de interés rápido y efímero. Y así, en bucle.
Por mi parte, por tanto, firmo y confirmo que cualquier material que genere en el futuro será fruto de mi creatividad humana, y a la vez esclava de mis limitaciones técnicas y/o personales.
Pedro D. Verdugo
Noviembre 2024.
