Cruzando a pie un país en guerra

Escuchando la entrevista a mi abuelo Daniel (y leyendo cómo ha quedado plasmada en la novela), se puede llegar a la conclusión de que, aparte de entrar en batalla, la incertidumbre sobre su futuro inmediato era una de las peores sensaciones que contaminaba las cabezas y los corazones de aquellos hombres en el frente de guerra.

Al despuntar cada día, los soldados de ambos bandos no podían saber si aquel sería su último amanecer. Y esa sensación tan solo era la primera de la jornada. En los campamentos se combinaban los momentos álgidos de tensión y miseria con las interminables horas de calma chicha, desesperantes por esa incertidumbre que carcomía el interior de cada combatiente, e instalaba en ellos la desesperanza y el pesimismo más absolutos, apenas paliados a base de vino barato, coñac y cigarrillos.

Muy frecuentemente, esa calma traicionera se quebraba no por un obús enemigo, sino por la decisión de los jefes del regimiento de moverse a otro lugar, a otro pueblo, a otro cementerio, a otra trinchera. En la mayoría de las ocasiones, esos desplazamientos se producían a pie. ¡Cuántos kilómetros tuvieron que caminar mi abuelo y sus camaradas, un pie detrás de otro, por carreteras, caminos, senderos de montaña o directamente a través de campos y bosques! Y sin poder quejarse ni detenerse, con los pies destrozados por las ampollas, llevando sobre las espaldas una carga de entre 15 y 20 kilos, y con la amenaza continua de una escaramuza a la vuelta del siguiente páramo.

Haciendo un resumen de todos los lugares que pisaron mi abuelo y sus compañeros durante la guerra y los meses inmediatamente posteriores, me salen casi unos 100 pueblos, ciudades o parajes de toda la geografía española, sobre todo al norte y al este. Esta es la relación de esos lugares:

Lúcar, Salamanca, Barcelona, Calzada de Don Diego, Santci-Spíritus, Matilla de los Caños del Río, Barbadillo, Foncastín, Burgos, Legutio, Otxandio, Barazar, Bilbao, Salinas de Pisuerga, Villanueva de la Calzada, Brunete, Madrid, Quijorna, Chapinería, Cervera de Pisuerga, Torrelavega, Reinosa, Santander, Cabezón de la Sal, Cabrales, Puerto de Pajares, Avilés, Gijón, Cangas de Onís, Ribadesella, Zamora, Teruel, Portalrubio, Estiche de Cinca, Alhama de Aragón, Torremocha del Campo, Maials, Flix, Vivel del Río Martín, Alloza, Monreal del Campo, Alcañiz, Caspe, Valderrobles, Morella, Villafranca del Cid, Benasal, Mosqueruela, San Mateo, Catí, Vinaroz, Benicarló, Peníscola, Alcalá de Chivert, Torreblanca, Oropesa, Villarreal, Onda, Nules, Peña Juliana, Lleida, Prat del Comte, Sierra de Cavalls, Bot, Sierra de Pàndols, Vilalba dels Arcs, Riba-Roja, Cabra del Campo, Batea, Gandesa, Serós, Montserrat, El Bruc, Manresa, Esparraguera, Terrassa, Sabadell, Cerdanyola del Vallés, Montcada i Reixach, El barrio de Sant Andreu de Barcelona, Mollet del Vallés, Granollers, Cadaqués, El Port de la Selva, Palamós, Tarragona, Reus, Toledo, Cáceres, Mula, Molina de Segura, Lorca, Basurto, Portugalete, Espinosa de los Monteros, Almería, y Granada.

Y nosotros nos quejamos hoy cuando hay obras en una calle y debemos dar un rodeo para llegar al bar.

!Saludos!

Pedro D. Verdugo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio